Skip to content

Más protegido pero más deprimido: las consecuencias del aislamiento en el Uruguay

Los uruguayos han tenido en cuenta las recomendaciones para evitar el COVID-19 , como el distanciamiento, y les ha funcionado ya que es uno de los países con menos infecciones, sólo han registrado 1.243 casos y 35 muertes, sin embargo, tiene indicadores de depresión "muy grave"; la línea gratuita de apoyo emocional ha recibido más de 9.000 llamadas

Más protegido pero más deprimido: las consecuencias del aislamiento en el Uruguay

Más protegido pero más deprimido: las consecuencias del aislamiento en el Uruguay

Montevideo – La depresión o la ansiedad son algunas de las consecuencias que deja el distanciamiento social en la población uruguaya, que al aislarse impide eficazmente la propagación del coronavirus, pero propaga otro problema menos visible: daño a la salud mental.

Si bien Uruguay es uno de los países menos afectados por la pandemia en el mundo -el jueves se registraron 1.243 casos (230 activos) y 35 muertes- y aunque nunca ha introducido la cuarentena obligatoria, Uruguay tiene indicadores “muy graves” de depresión y está registrando un aumento en el uso de sustancias, dijo a Efe Hugo Selma, Doctor en Psicología y profesor de la Universidad de la República (Udelar).

AUMENTAR EL AISLAMIENTO, MAYOR DEPRESIÓN

“Quédese en casa” fue la principal recomendación de las autoridades uruguayas una vez que la enfermedad entró en el país el 13 de marzo. Fue una táctica que evitó un desastre de salud, pero tuvo consecuencias psicológicas.

Un equipo de investigadores de la Facultad de Psicología de Udelar, dirigido por Selma, entrevistó a unos mil uruguayos sobre su salud mental. El 37% mostró síntomas de depresión, en comparación con la cifra habitual del 4,5 al 6% tratada por la OMS, aunque esto podría inflarse por las características técnicas de la encuesta, que se realizó digitalmente y a petición, dijo Selma.

En el estudio, encontraron que las personas que practicaban un aislamiento más severo sufrían síntomas “más severos” de depresión y ansiedad.

Además, casi el 10% de los encuestados registraron indicadores de riesgo de suicidio, “el más grave problema de salud mental en Uruguay”, dijo el investigador. En 2019, 723 personas se quitaron la vida en Uruguay, según la Administración Estatal de Servicios de Salud (ASSE).

Aunque ASSE no ha registrado un aumento de los suicidios durante la pandemia, los llamados a la línea de prevención en Uruguay se triplicaron entre marzo y junio en comparación con el mismo período en 2019.

APOYO EMOCIONAL PARA EL OTRO LADO DEL TELÉFONO

Para frenar la marea del “sufrimiento mental”, los profesionales han tenido que reinventarse y hacer de la teleasistencia la nueva consulta, dijo a Efe Ana López Martirena, miembro de la Junta de Coordinación de Psicólogos del Uruguay (CPU).

“En primer lugar, estamos tratando de reducir la sensación de pánico, de desesperación”, dijo el psicólogo, señalando que las personas con un diagnóstico temprano, así como los niños y los ancianos, tienen “menos recursos” para hacer frente al estrés causado por la pandemia.

A mediados de abril, ASSE estableció una línea telefónica gratuita de apoyo emocional, atendida por 150 voluntarios y cinco psicólogos contratados, que recibió más de 9.000 llamadas.

Por otro lado, también han surgido iniciativas solidarias para superar esta situación, como la ONG Ayudantes, que comenzó como un servicio de primeros auxilios, pero que con COVID-19 decidió crear un departamento de apoyo emocional para ayudar a “miles de personas” en Uruguay y Argentina, dijo a Efe su fundador, Michael Rubinstein.

A través de una “app”, el paciente entra en contacto con un equipo de “entrenadores” o entrenadores voluntarios y psicólogos que le ayudan en el otro extremo del teléfono para que “nadie se quede atascado”, dijo Efe Salo Halegua, líder de este grupo.

Los acompañamos en el momento en que viven, para que puedan empoderarse y avanzar”, dice Halegua.

LA MALDAD Y LOS EMPLEADOS MÁS AFECTADOS

La llegada del coronavirus al Uruguay significó un cambio “inmediato” en la estructura emocional de los trabajadores, según datos del “Monitor de Trabajo” de los equipos de consultoría.

Según el estudio, la emoción que más aumentó fue la preocupación, que alcanzó al 69% de los trabajadores sólo una semana después de que se declarara la “emergencia sanitaria”, en comparación con el 29% que se sintió preocupado en los últimos días de 2019.

La tristeza, que aumentó en un 23%, la sensación de depresión, que aumentó en un 17%, o el estrés, que aumentó en un 23%, son otras cifras alarmantes en este documento.

“De repente un día el mundo se puso patas arriba. Teníamos que actuar en él, y el bienestar emocional también mostró su fuerza”, dice la socióloga y directora de desarrollo social de los equipos de consultoría, María Julia Acosta.

Con los comercios cerrados y la menor actividad, la desigualdad económica llevó a la desigualdad en el bienestar, de modo que los trabajadores en la peor situación tenían una estructura emocional “mucho más crítica” que la de los que estaban en la mejor posición, enfatiza el sociólogo.

A pesar de que la pandemia no ha destruido el sistema de salud de Uruguay, el sentimiento de tristeza, soledad o depresión está todavía “muy lejos” de los valores anteriores a COVID-19″, dice Acosta, quien cuenta con una mayor disponibilidad de recursos sociales y un compromiso “más colectivo” para salir de esta crisis.

Los Udelar, por su parte, confían en que la gente se adaptará a “la nueva rutina” -y no a la “nueva normalidad”- y, si tal situación se repite, exigirán “el establecimiento de protocolos” y la aplicación de “políticas públicas específicas” para los sectores más débiles, según el investigador Vicente Chirullo.

“No nos enfrentamos a una nueva normalidad porque no hay un estado como el que estamos enfrentando”, concluyó Acosta.

  • El nuevo ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay define a Venezuela como una dictadura
  • Dos personas se suicidaron en Uruguay cada día en 2019
  • Borrell acoge con beneplácito los avances en el acuerdo de cooperación entre los bloques UE-Mercosur